08 de abril de 2026

TECNOLOGÍA, ROBOTIZACIÓN, IA Y EL NUEVO PROLETARIADO SOBRANTE.

TECNOLOGÍA, ROBOTIZACIÓN, IA Y EL NUEVO PROLETARIADO SOBRANTE.

A lo largo de la historia, las máquinas no solo han transformado la economía, sino también la experiencia humana del trabajo.

El trabajo artesanal, completo con sentido personal, se transforma con la Revolución Industrial en un trabajo fragmentado y repetitivo, donde el trabajador pierde el control del producto que produce. Karl Marx lo denominó alineación.

Desde entonces vivimos una gran mentira: la tecnología no nos hace más libres, no nos libera del trabajo y no hace que vivamos mejor. Al menos, no es así para la mayoría.

La realidad en la que vivimos es la de la destrucción de puestos de trabajo y la expulsión del merado laboral, cada día, de un número creciente de trabajadores. Y no es cierto que, en la misma medida que las nuevas tecnologías destruyen empleo, también crean nuevas oportunidades, porque estas no se reemplazan en la misma proporción ni para las mismas personas.

Marx ya lo explicaba en el siglo XIX: el capitalismo genera de manera constante un ejército de reserva, una masa de trabajadores desempleados o precarizados que sirven para disciplinar al resto.

Existe, además, una relación directa entre el nivel de paro y la inflación: la llamada curva de Phillips que, en términos simples, se puede resumir así:

Menos paro —————— Más inflación. (Subida de precios)

Más paro ——————— Menos inflación. (Bajada de precios)

Y también afecta a los salarios:

Menos paro ————————— Los salarios suben.

Más paro —————————— Los salarios se frenan.


Noticias como la de que el 60% de los empleos en economías avanzadas se verán seriamente expuestos por la IA refuerza esta tendencia. La automatización de trabajos intelectuales (traducción, redacción, diagnóstico, programación etc.) rompe el viejo pacto implícito; estudia, fórmate y tendrás un futuro.

La tecnología, que debería habernos liberado de horas de trabajo y proporcionado más tiempo de ocio, ha actuado en sentido contrario. No se ha producido un reparto del tiempo de trabajo necesario; en cambio, ha permitido a las élites concentrar beneficios, externalizar costes y precarizar el empleo: contratos temporales, falsos autónomos, economías de plataformas, salarios estancados.

La tecnología más avanzada de los países ricos se sostiene, además, sobre cadenas globales de trabajo digital en países pobres, reproduciendo relaciones casi coloniales con trabajos invisibles y precarios.

Cuando el mercado desintegra las bases sociales del trabajo, las sociedades reaccionan: polarización, populismo, desconfianza institucional, ruptura de las clases medias. Este tipo de crisis no puede considerarse únicamente tecnológica, sino profundamente política. Mientras que el sistema produce más riqueza, genera también menos empleo, más precariedad y mayor desigualdad.

Al final la pregunta ya no es si la IA va a destruir o no empleo, sino: ¿cuántas personas sobran en este modelo económico?¿Y qué se va a hacer con ellas?