25 de diciembre de 2025

OTRO MUNDO

«Hasta la próxima luna llena, Capitán».

Era una de las frases del mundo que habían construido entre los dos. Un mundo de luz que, mientras estaban juntos, lo sacaba de la oscuridad. El otro mundo seguía ahí: el del pasado, el del arrepentimiento, el de lo que no debía haber ocurrido.

—Termina de preparar la mochila. Tenemos que salir ya.

—Capitán, con la lluvia de anoche el lago habrá crecido. Tendremos que cruzarlo con cuidado.

—Lo sé, grumete. Hoy lo haremos mejor. Te prometo que la aproximación la haremos con mucho cuidado.

Salieron a la calle.

—Mira cómo ha crecido el lago. Seguro que hay cocodrilos.

—Seguro. Pero por ese lado pasaremos sin problemas.

Frente al autobús, el Capitán se agachó y besó a su hijo. La estructura de hierro que le permitía entrar se desplegó.

—Hasta la puesta de sol.

—Aquí estaré, grumete.

—Capitán, hoy terminamos el libro, ¿verdad? Seguro que hoy encontramos a Grant.

—Nos quedan pocas páginas, seguro que sí.

Las puertas se cerraron y el autobús arrancó. Él se quedó mirando hasta que desapareció.

Cruzó el parque por la rampa que tanto había costado conseguir y que les permitía salvar los diez escalones. Pisó con cuidado la tierra reblandecida por el charco de agua que se formaba en el centro del jardín. Entró en casa, se cambió las botas por unos zapatos de trabajo y se anudó la corbata.

Como cada día, tomó el marco del recibidor. En la fotografía estaban los tres, abrazados de rodillas en una playa. Luis apenas tenía un año. Sonreían.

—Aún no puedo estar contigo, amor —susurró—. Me necesita.

Salió de casa y bajó por las escaleras. Desde el accidente no era capaz de entrar solo en el ascensor, odiaba los lugares cerrados.

Bajó despacio, contando los escalones.

Afuera, la ciudad seguía su curso.

La negrura seguiría hasta la puesta de sol, en la que él volvería a ser el Capitán.