CUBA: UNA PROMESA

Cuba fue una promesa antes de convertirse en un problema.
Cuba fue la esperanza de que la dignidad podía organizarse.
Para América Latina, representó durante mucho tiempo la posibilidad de romper con siglos de dependencia. Para mí, como para muchos jóvenes europeos, fue la imagen de la dignidad frente al imperio. El rostro del Che colgado en forma de póster en la pared no era un gesto estético; era una declaración moral. Una pequeña nación plantándose ante el gigante. Una revolución que escribía, desde el Caribe, una página de dignidad para América Latina.
Hoy es otra cosa.
Una fila silenciosa para conseguir algo que comer. Un apagón continuo. Unos padres que miran al mar sabiendo que es difícil que vuelvan a ver a sus hijos. Un país que se vacía sin hacer ruido.
Y en esa asfixia prolongada, el embargo estadounidense ocupa un lugar central. No es solamente una política fallida: es, sobre todo, un castigo colectivo que ha convertido la vida cotidiana en resistencia permanente.
El embargo no es una postura moral; es una inercia política que termino siendo cómoda para todos menos para los cubanos. A los dirigentes cubanos les proporcionó un enemigo perpetuo y a Estados Unidos una posición firme.
Pero no podemos vivir eternamente señalando hacia afuera.
La revolución que prometía igualdad terminó levantando muros. El discurso del hombre nuevo no toleró a este hombre cuando discrepaba. Lo que nació como ruptura se transformó en rigidez.
Duele decirlo, y duele mucho, porque aquella ilusión no era una mentira: era una posibilidad. La alfabetización. La sanidad. La solidaridad con otros pueblos. El orgullo nacional en un continente acostumbrado a dictaduras sangrientas y a tutelas extranjeras, fue durante un tiempo una realidad.
Cuba necesita volver a ser libre. No necesita la defensa romántica de quienes, desde lejos, la evocan como un símbolo de lo que pudo ser, ni el castigo severo que se le inflige desde los despachos del imperialismo.
Uno puede sentir nostalgia por lo que representó y, al mismo tiempo, desear que termine todo lo que hoy la asfixia.
Resistir no es lo mismo que vivir.
Cuba fue una promesa.
Sería hermoso que pueda volver a serlo.