28 de marzo de 2026

Cuando todas las certezas se desvanecen

Cuando todas las certezas se desvanecen

Cuando todas las certezas se desvanecen, la vida se convierte en un fracaso.

De joven, cuando formaba mi carácter, los principios de la Ilustración se pegaron a mí como masa principal con la que construir todo mi pensamiento político.

La defensa de la igualdad ante la ley, la tolerancia, la educación y el progreso como motores de una sociedad más justa se convirtieron en los pilares del hombre en el que, poco a poco, me fui convirtiendo.

He rechazado siempre los dogmas y he cuestionado la autoridad, situando al hombre como ciudadano libre en el centro de la vida política, con la convicción de que el ser humano podía comprender el mundo y mejorarlo. Creo en estas ideas como creo en las indicaciones de una brújula. Las sociedades irían adquiriendo conocimiento, y está acumulación de saber nos conduciría a una forma superior de convivencia; la historia, como un río, avanzaría hacia un mar de progreso inevitable.

La república no solo como una forma de gobierno, sino también como una ética compartida: ciudadanos libres e iguales ante la ley, responsables unos de otros, capases de pensar más allá de sí mismos, nos brindaría libertad y justicia.

Pero la realidad no hace más que resquebrajarlo todo: una erosión continua y constante. Ahora todo es relativo, nada es firme; los pilares sufren y se resienten. La verdad ya no importa tanto como la capacidad de imponer un relato. El progreso se pone en duda, las instituciones se encuentran bajo sospecha constante y todo parece diluirse.

Hoy observo el mundo con una mezcla de pena y desasosiego. La discusión pública se ha convertido en un espectáculo donde la política se vacía de sentido y se llena de gestos; los ciudadanos nos comportamos como meros espectadores y la verdad queda reducida a opiniones intercambiables.

Y, a pesar de todo, yo sigo creyendo.

Renunciar a estos principios sería aceptar que todo esfuerzo por comprender, por debatir, por construir algo en común, carece de sentido. Comprender que el fracaso no se encuentra en lo que no logramos, sino en lo que dejamos de intentar hacer. Que todos estos valores no son un punto de llegada, sino un equilibrio frágil que debe ser defendido constantemente.

Entre lo que creíamos posible y la certeza de que se desvanece, está la pelea, la lucha por la dignidad humana y por un mundo mejor para todos.